Santa Teresa del Niño Jesús - Apóstoles del Sagrado Corazón

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Santa Teresa del Niño Jesús
En este momento pandémico en el que afloran el sufrimiento, el miedo y la dificultad, nos vemos obligados a afrontar la existencia del mal. ¡El mismo Jesús no fue privado de la experiencia de la tentación y sobre todo de la Cruz! Por eso surgen las preguntas: ¿por qué el sufrimiento físico? ¿Por qué la enfermedad? ¿Por qué las pruebas espirituales? ¿Por qué la muerte? ¿Dónde está Dios en estas situaciones?

Santa Teresa es nuestra maestra en estos momentos de dificultad, porque su vida no fue "todo rosas y sonrisas" al contrario, modeló fuertemente su existencia en el Evangelio, imprimiendo los actos comunes más ordinarios con puro heroísmo, creyendo firmemente en Palabra del Maestro, iluminando su vida diaria con una confianza incondicional en el amor misericordioso y paterno de Dios y continuando obstinadamente en la esperanza en Él.

Teresa ante la enfermedad y la prueba
 
“Siempre hay estrellas en el cielo, pero no siempre las vemos porque están eclipsadas por la luz del sol. Una leyenda dice que las estrellas del día, de una belleza aún más radiante que las de la noche, se pueden ver en los pozos profundos y silenciosos.
En lo alto del cielo e inaccesibles a nuestra mirada, estas estrellas se reflejan solo en las profundidades de la tierra, en el espejo negro de agua que iluminan con sus rayos. Y si no los vemos cuando miramos desde lo alto del parapeto, significa que el agua no es lo suficientemente negra o que su superficie no es lo suficientemente silenciosa, o que el pozo no es lo suficientemente profundo. Incluso puede ser que no sea necesario mirar el fondo del pozo desde fuera, sino desde el fondo del pozo mismo ... "
 
El significado de esta parábola es claro. Nuestro corazón, un día mutilado por el dolor, nuestra vida hundida en determinados momentos en tinieblas y tinieblas, puede estar y estamos en la realidad actual, en la que nos encontramos, como esos pozos en los que la estrella del día se refleja y habita, la más bella de todas, llamada esperanza.
Esta estrella es invisible a las miradas comunes, no tiene existencia aparente, pero puede hacerse visible en el corazón de nuestra vida. Es en el fondo del desconcierto, del fracaso, de la angustia donde brilla la estrella de Teresa, es en esta anulación donde emerge su santidad.
La purificación de la Esperanza
Ella, llamada a alcanzar y compartir la bendición de Dios, pronto ve que la Cruz se interpone en su camino, luego descubre
luego descubre que no es sólo un obstáculo: es también una revelación de la bienaventuranza, de una manera diferente de hacerse presente por parte de Dios.
 
Teresa está invitada a morar en esta cruz, en esta pasión, a cruzarla, muchas veces sola, pero con alegría y perseverancia.
Entiende que su malestar físico y espiritual se convierte en una llamada: percibe que esa noche Dios se revela escondido. Más allá de ese muro que se levanta en su alma, más allá de las espesas brumas que oscurecen los paisajes teresianos, está Dios, se hace presente escondiéndose.
 
La Revelación en Teresa conserva su carácter misterioso.
Pero Teresa lo comprende y se convierte en su única fuerza: esperar contra toda esperanza.
Continúe esperando incluso cuando no sea razonable, incluso cuando tenga que luchar contra una enfermedad terminal, o tenga que resistir la persistente tentación del diablo. ¡Esta es Teresa!
 
Entre enfermedad y crisis espiritual
 
La fecha del 4 de abril de 1896 marca un punto de inflexión decisivo en el camino de Teresa, un punto de inflexión donde parece converger toda su experiencia existencial, un punto de partida para una reflexión teológica purificada del sufrimiento y la sequedad espiritual.
Teresa tiene poco más de 23 años y lleva ocho en el Carmelo de Lisieux con tres hermanas y una prima.
Es joven, sin embargo la vida la ha ayudado a crecer rápidamente. Sabe bien, de hecho, cuál es el contenido de la palabra sufrimiento, desapego, enfermedad ... amor: ha perdido a ambos padres, dos hermanos y dos hermanas. Su vida es una alternancia de sufrimientos no indiferentes, pero, al mismo tiempo, está marcada por amplios espacios de consuelo, alegría y felicidad vividos sobre todo en el ámbito familiar.
 
Teresa, mujer reflexiva, sencilla y de aguda inteligencia, está convencida de que todo viene de Dios, es ese Cielo que contempló y adoró desde temprana edad.
“En ese momento disfrutaba de una fe tan viva, tan clara, que el pensamiento del Cielo era toda mi felicidad”.
Sin embargo, en abril de 1896 "Jesús quiso cambiar la forma en que crece su florecilla": su teología tuvo que purificarse en el sufrimiento de la enfermedad (Teresa muere de tuberculosis) y en el sufrimiento espiritual (la noche de la nada).
 
Para ella comienza un período de prueba de dieciocho meses. Murió el 30 de septiembre de 1897, pronunciando, con el último suspiro de su voz, estas palabras: "Dios mío ... ¡te amo!"
 
Sufrimientos corporales
 
Para una persona en buen estado de salud, los sufrimientos del cuerpo y del espíritu, cuando alcanzan cierta intensidad, constituyen un momento crucial en el desarrollo de la vida. El equilibrio de la persona y su orientación futura dependerá de la forma en que se supere esta etapa.
Una movilización de todas las fuerzas espirituales, una gran valentía, son necesarias para superar felizmente este pasaje. Pero la energía explicada y el autocontrol no pueden evitar una mayor vulnerabilidad a los mil pequeños problemas de la vida diaria.
 
(Tomado de Teresa del Niño Jesús: la purificación de la esperanza de Don Graziano Gianola)
continúa...

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