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EL EVANGELIO DE HOY
Lecturas del 31 de octubre de 2020

Primera lectura: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 18b-26

Hermanos:
Con segundas intenciones o sin ellas, Cristo es anunciado, y eso es lo que me hace y seguirá haciéndome feliz. Sé que, gracias a las oraciones de ustedes y a la ayuda del Espíritu de Jesucristo, todo contribuirá a mi liberación. Así lo espero ardientemente, con la certeza de que no voy a quedar en modo alguno defraudado y con la absoluta seguridad de que ahora y siempre Cristo manifestará su gloria en mi persona, tanto si estoy vivo como si estoy muerto. 
Porque Cristo es la razón de mi vida, y la muerte, por tanto, me resulta una ganancia. Pero si vivir en este mundo me ofrece la ocasión de una tarea fructífera, no sabría qué elegir. Ambas cosas me presionan: por un lado, quiero morir y estar con Cristo, que es, con mucho, lo mejor; por otro lado, ustedes necesitan que siga en este mundo. Convencido de esto último, presiento que seguiré viviendo con todos ustedes para provecho y alegría de la fe. Así, cuando vuelva a verlos, tendrán nuevos motivos, gracias a mí, para estar orgullosos de ser cristianos.


Salmo: 41, 2. 3. 5bcd

R/. Mi alma tiene sed del Dios vivo.

      Como la gacela suspira por torrentes de agua
          así, Dios mío, suspiro yo por ti. R/.

      Estoy sediento de Dios, del Dios vivo,
          ¿cuándo llegaré a ver el rostro de Dios? R/.

      Recuerdo cómo avanzaba yo entre el gentío,
          llevándolos a la casa de Dios
          entre vítores de gozo y alabanza
          en medio de una muchedumbre en fiesta. R/.

El Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 1. 7-11

Un sábado, Jesús fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos, lo estaban espiando.
Al ver Jesús que los invitados escogían para sí los puestos de honor en la mesa, les dijo a modo de ejemplo:
—Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar de honor, no sea que entre los invitados haya otro más importante que tú y, cuando llegue el que los invitó a ambos, te diga: «Tienes que dejarle el sitio a este», y entonces tengas que ir avergonzado a sentarte en el último lugar.
Al contrario, cuando te inviten, siéntate en el último lugar; así, al llegar el que te invitó, te dirá:
«Amigo, sube hasta este lugar de más categoría».
Entonces aumentará tu prestigio delante de los otros invitados.
Porque a todo el que se ensalce a sí mismo, Dios lo humillará; pero al que se humille a sí mismo, Dios lo ensalzará.


Palabra del Señor


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