News: Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús - Apostole del Sacro Cuore

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Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
Todos los años, nuestra Madre, la Iglesia, dedica el mes de junio para honrar al Sagrado Corazón de Jesús.
(ciclo "A")
 
¿Qué significado tiene este culto, tan querido por muchísimo santos y por tantos Papas, que lo promovieron con sus enseñanzas, y que ocupó un lugar privilegiado entre otros cultos? En otras palabras ¿Qué ese el Corazón de Jesús? Aproximémonos poco a poco...
 
* El corazón es, anatómica mente hablando, un músculo. Muy importante, sí, pero no más que eso. Sin embargo, todos sabemos (porque lo experimentamos) de qué modo repercuten en él nuestros sentimientos y pasiones. Incluso en nuestro modo de hablar decimos de una buena persona: "tiene un gran corazón"; y, por el contrario, de alguien malvado se dice: "no tiene corazón". En la Biblia, el corazón (aparece más de mil veces) no sólo es signo de la vida afectiva del hombre, sino que es el lugar íntimo de donde brotan los pensamientos, decisiones, las opciones que definen a una persona en su condición moral frente Dios, y frente a las demás personas: del corazón brota la fe y la comprensión, o el endurecimiento y la cerrazón... en definitiva el corazón es el símbolo más acabado del hombre en su realidad más profunda y plena, la sede de su pensar, querer y sentir.

* Así, hablar del Corazón de Jesús es hablar del Hijo Eterno Dios, que al hacerse hombre (Juan 1,14) comienza a tener un Rostro humano... y un corazón humano. Y este corazón divino-humano de Jesús es el "motor" de la Redención, porque es el amor mismo, la misericordia encarnada, el culmen del amor Dios que nos amó desde la eternidad, y por este amor realizó su plan de salvación.
 
De este Corazón-Amor herido por nuestros pecados, brotaron Sangre y agua (Juan 19,34), y así nacieron sacramentos que dan Vida a la Iglesia; que le dan Fuerza, (porque la Eucaristía es el Pan de los fuertes) y que le dan alegría, ya que "la alegría cristiana es por esencia una participación espiritual de la alegría insondable, a la vez divina y humana, del corazón de Jesucristo glorificado" (Pablo VI, Gaudete in Domino, 2ª parte). Ésta es la única fuente de alegría para el hombre: la fuente de la que sacamos gozosos la alegría de la salvación. Fuera de esta alegría no hay alegría posible porque fuera Dios todo es tristeza.
 
¿Y cómo hacer para tener esta vida, esta fuerza y está alegría? No lo dice él mismo Cristo, en la última cena "les doy en mandamiento nuevo: ámense unos a otros como yo los he amado" (Jn.13,34): se trata de amar como Él nos ama, hay que sincronizar nuestro corazón con el Suyo, hay que contemplar todas las cosas como las mira Jesús... amar con un corazón semejante al de Cristo (Mt. 5-7); ser manso y humilde corazón (Mt. 11,29) paciente y de gran Misericordia (Ex. 34,6); tener para con Cristo la fidelidad y obediencia que Él tuvo para con su Padre, que es, por regalo del Corazón de Jesús, nuestro Padre (Jn. 15,10), y por eso amar a nuestro Padre celestial más que a cualquier otra persona o cosa, con todo nuestro ser (Mt. 22, 37-38; Mc. 12,30), con un amor del que nada ni nadie puede separarnos (Rm. 8,35); con un amor siempre servicial (Lc. 22,27), orando sin cesar (Flp. 4,6); ejercitando la corrección fraterna para ganar a nuestros hermanos para Cristo (Mt. 18,15), y en síntesis, permaneciendo en Dios para que él permanezca nosotros (1ª Jn. 4,16). De esta manera honraremos al Corazón de Cristo, tributándole nuestra consagración a Él, y nuestra voluntad de desagraviarlo por las ofensas que diariamente recibe en su amor infinito no correspondido. Estos dos elementos son esenciales al culto del Sagrado Corazón (Pío XII, encíclica “Haurietis aquas”, sobre el Corazón de Jesús, nº 63).
 
Todas las prácticas externas de piedad ocupan, en este sentido, un lugar secundario, como signos de un corazón piadoso que ama y sirve al Señor, que quiere "Misericordia, más que sacrificios" (Oseas 6,6; Mateo 9,13); y en este sentido debemos comprender bien esta "devoción devociones", teniendo presente que la "devoción no parece ser otra cosa que la voluntad de entregarse con prontitud a las cosas referentes al servicio Dios". (Suma Teológica, II IIª, q.82).
 
Por eso resulta realmente espléndido el propósito de comulgar todos los días, durante el mes de junio, con toda la predisposición interior que la comunión implica, y con todo el desafío de crecer en una santidad servicial a Dios y a nuestros hermanos que ello conlleva... La Eucaristía es el alimento que el Padre nos da a sus hijos en orden a la santidad, a la intimidad con Él... En ese sentido, es llamado el “pan de los santos”: de quienes ya lo son (por el Bautismo), pero sobre todo de quienes aspiran a serlo... y todos debemos aspirar a la santidad, porque así lo espera de nosotros el Dios Santo que se ha enamorado de su pueblo (Iª lectura), y su Pueblo es la Iglesia... Y se ha enamorado de nosotros no porque seamos buenos, ni grandes, ni poderosos, pero sí para que seamos el Pueblo Santo que responde con amor al Dios Santo que lo creo y lo salvó... ¡Éste es el Amor del Señor, que permanece para siempre (salmo responsorial), tan distinto de los "amores" humanos que se acaban y desaparecen.
 
Es también importante notar que, aunque la comunión diaria es una oportunidad maravillosa que nos ofrece el Señor, la Eucaristía no es sólo Comunión: es también Sacrificio, y Presencia. Recuerdo con alegría y admiración el ejemplo de una señora amiga, que no podía acercarse a comulgar sacramentalmente, y que sin embargo hizo el mes del Corazón de Jesús completo, recibiendo cada día la bendición con el Ssmo con renovado fervor...
 
Si nosotros no creemos en todo esto, no conocemos a Dios, porque "Dios es amor" (IIª lectura); y su Amor no es una respuesta a nuestro amor, sino todo lo contrario: porque Él es quien nos ama primero y entrega a su Hijo Único para salvarnos... Sólo si estamos dispuestos a amar así podemos decir que conocemos a Dios, a quien nadie puede ver, pero que permanece en los que de veras lo buscan y lo aman; a ellos Él les da su Espíritu Santo.
 
Hoy es también la jornada anual de oración por la santificación de los sacerdotes: la vivimos en medio de una terrible sombra de sospecha que ha caído sobre los sacerdotes de todo el mundo a causa de pecados de un reducido número. Y por otra parte, a nivel nacional, en medio de una nueva oleada de sacerdotes que por diversos motivos abandonan el ministerio...
 
Ambos son motivos más que sobrados para que recemos por los sacerdotes. Y para que los católicos pensemos si no hemos caído demasiado a menudo en la postura hipócrita, cínica e infame de quienes viven lanzando invectivas contra “los autos de los curas”, las “vacaciones de los curas”, las “actitudes de los curas”, si es que no hemos ido incluso más allá, haciéndonos eco de chistes subidos de tono y de pésimo gusto que desprecian su investidura y ridiculizan su consagración... en lugar de rezar y ayudar a quienes, no pocas veces con más buena voluntad y generosidad que acierto quieren permanecer en medio de nosotros como signos visibles de la Presencia del Invisible...
 
Hoy entonces queremos rezar por los miles de sacerdotes que aman y sufren en silencio (y que por eso mismo jamás serán noticia para el periodismo sucio y amarillista que hoy impera), que viven su consagración con alegría, y que dan testimonio del amor del Padre, al mismo tiempo que nos regalan la gracia de Cristo y el Don del Espíritu; pero también queremos rezar  - y especialmente - por aquellos que a causa de graves perturbaciones psicológicas han sido motivo de escándalo para sus hermanos más pequeños; y en general por todos los sacerdotes que se encuentran tentados, solos, probados, difamados, calumniados, incomprendidos, enfermos, que han perdido la fe y que han abandonado el ministerio...
 
Nosotros estamos hoy aquí reunidos por que "hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él" (ídem). Por eso queremos traer al Corazón de Jesús nuestros cansancios y agobios para que Él nos alivie; queremos cargar con nuestra Cruz de cada día, que se hace liviana cuando descubrimos que es Cristo mismo quien la lleva por nosotros, en nosotros y con nosotros; y aprender de su mansedumbre y humildad.
 
Hermanos: "he aquí que hoy se presenta a nuestros ojos una enseña divísima, y de muy buen agüero: el Corazón Sacratísimo de Jesús,... brillando entre llamas con espléndido resplandor. Hay que poner en Él todas las esperanzas, a Él hay que pedir, y de Él hay que esperar la salvación de los hombres" (León XIII, "Annum Sacrum"
 
                                                                                                      Amén
 
Homilía  junio 2002
P. JUAN PABLO ESQUIVEL
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