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Reflexión del Papa Francisco
Reflexión del Papa Francisco
¿Seguimos al Señor por amor o para tener alguna ventaja? Porque nosotros somos todos pecadores y siempre hay algo de interesado que debe ser purificado en el seguimiento de Jesús; y debemos trabajar interiormente para seguirlo por Él, por amor.

Jesús alude a tres actitudes que no son buenas para seguirlo a Él o para buscar a Dios.

1.- La primera es la vanidad. En particular se refiere a aquellos notables, a aquellos dirigentes que dan la limosna o ayunan para hacerse ver. Estos dirigentes querían hacerse ver, a ellos les gustaba pavonearse ¡y se comportaban como verdaderos pavos! Eran así. Y Jesús dice: «No, no: esto no va. No va».

La vanidad no hace bien. Y algunas veces, nosotros hacemos cosas tratando de hacernos ver un poco, buscando la vanidad. La vanidad es peligrosa, porque nos hace caer inmediatamente en el orgullo, la soberbia, y después todo termina ahí. Y me pregunto: Yo, ¿cómo sigo a Jesús? ¿Las cosas buenas que yo hago, las hago a escondidas, o me gusta hacerme ver?

2.- Buscar el poder. La otra cosa que Jesús reprocha a aquellos que lo siguen es el poder. Algunos siguen a Jesús, pero un poco, no del todo conscientemente, un poco inconscientemente.

Porque buscan el poder, ¿no? El caso más claro es Juan y Santiago, los hijos de Zebedeo, que pedían a Jesús la gracia de ser primer ministro y viceprimer ministro, cuando viniera el Reino.

¡Y en la Iglesia hay trepadores! ¡No vengas a la Iglesia a trepar! Y Jesús reprocha a estos trepadores que buscan el poder.

3.- Buscando el dinero. La tercera cosa que nos aleja de la rectitud de las intenciones es el dinero. Los que siguen a Jesús por dinero, con el dinero tratan de aprovecharse económicamente de la parroquia, de la diócesis, de la comunidad cristiana, del hospital, del colegio… Pensemos en la primera comunidad cristiana, que tuvo esta tentación: Simón, Ananías y Safira…

Esta tentación estuvo desde el inicio, y hemos conocido a tantos buenos católicos, buenos cristianos, amigos, benefactores de la Iglesia, incluso con condecoraciones varias… ¡tantos!

De quienes después se descubrió que hicieron negocios un poco oscuros: eran verdaderos especuladores, ¡y ganaron tanto dinero! Se presentaban como benefactores de la Iglesia pero recibían tanto dinero y no siempre era dinero limpio.

Pidamos al Señor la gracia que nos dé al Espíritu Santo para ir detrás de Él con rectitud de intención: sólo por Él. Sin vanidad, sin deseos de poder y sin deseos de dinero.

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